La Identidad Nacional en vísperas del Bicentenario.
Introducción.
El 25 de Mayo de 2010 Argentina celebrará los 200 años de la revolución que inauguró el camino hacia la Independencia, por lo que en víspera del bicentenario, realizamos este trabajo con el objetivo de hacer un análisis sociológico acerca de la noción de identidad y comparar los aspectos en el momento de su surgimiento, en 1810, con los aspectos actuales de la sociedad y como se fue transformando el concepto de la misma.
El traspaso de la identidad a lo largo del tiempo
La identidad es el conjunto de valores, tradiciones, símbolos, creencia y modos de comportamiento dentro de un grupo social y que hace que los individuos puedan fundamentar su sentimiento de pertenencia. La identidad cultural es similar a todo aquello que nos lo enseñan nuestros antepasados y lo ponemos en práctica. Se puede decir que la identidad ha tomado protagonismo desde la antigüedad.
A principios de la Revolución de Mayo, las diferentes expresiones del sentimiento público revelan que se podía ser español americano frente a lo español peninsular, rioplatense frente a lo peruano o porteño frente a lo cordobés. Es decir, que la existencia de elementos de diferenciación de los americanos con respecto a los europeos a finales del siglo XVIII, reconoce a menudo un origen diferente del de aquellos que se vincularon posteriormente con la emergencia de una identidad nacional durante el siglo XIX. La Revolución de Mayo, descubrió como formas de identidades tales como la de español americano y la de argentino cobraron una dimensión distinta y permitió comprendes mejor su presencia y peso relativo en el proceso de gestación de una nacionalidad argentina. Uno de los antecedentes externos más importantes de la revolución de mayo fue la Revolución Francesa que conmovió al mundo. Sus ideales y la transformación posterior influyeron notoriamente en el pensamiento de la época. Puso fin a las instituciones políticas, sociales, económicas, religiosas y administrativas del Antiguo Régimen. En el aspecto político, el movimiento revolucionario se inicia el 14 de julio de 1789 cuando el pueblo de París tomó por asalto la torre de la Bastilla. La Bastilla era la cárcel en donde estaban los presos del reino pero también era el símbolo del poder del rey Luis XVI. El 27 de agosto de 1789 la Asamblea Constituyente aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. En ella se afirmaba que los hombres nacen y permanecen libres y son iguales en derechos. Estos derechos, propios de su condición humana, son la libertad, la igualdad ante la ley, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión. Se consagró la idea de que la soberanía reside en la Nación, y en consecuencia, el rey era un mandatario del pueblo.
Con respecto al aspecto educacional, a comienzos del siglo XIX, acentuaron la acción de las nuevas ideas en la educación. Los viajes de estudio en el exterior por los hombres de Mayo y el acceso a literatura o publicaciones periódicas recibidas desde Europa en forma legal e ilegal permitieron que las ideas innovadoras se apropiaran de la educación. La educación se centró en un aprendizaje utilitario y en el conocimiento de las nociones básicas de matemática y lengua. En las aulas argentinas, a partir de la segunda década del siglo XIX, se implantó el Método Lancasteriano, que contaba con una experiencia éxito en Londres.La carencia de contar con una estabilidad política, no posibilitó la implementación del sistema educativo nacional, para esto veremos más adelante que la sanción de la Constitución, es la herramienta más valedera en la concreción de este ideal. El ideal de ilustrar al ciudadano era uno de los objetivos en el que se centraba el discurso de los hombres revolucionarios de las primeras décadas del siglo XIX. Durante este tiempo se pensó en la necesidad de crear una escuela que formará hombres preparados para el mundo del trabajo, buscando de esa forma destacar la importancia que tenía para la época la educación utilitaria.El método de enseñanza mutua se implementó durante el gobierno de Rivadavia en todas las escuelas. Este sistema de enseñanza, trasladado de Londres, hacia nuestras aulas, consistía en la transmisión del conocimiento por medio de la división de la clase colocando al frente a un joven de superior habilidad con el nombre de MONITOR y bajo la inmediata inspección del Maestro.En la actualidad el Sistema Educativo Nacional (Argentina) es el conjunto organizado de servicios y acciones educativas reguladas por el Estado que posibilitan el ejercicio del derecho a la educación. Lo integran los servicios educativos de gestión estatal y privada, gestión cooperativa y gestión social, de todas las jurisdicciones del país, que abarcan los distintos niveles, ciclos y modalidades de la educación.La Ley Federal de Educación Argentina expresa que el Estado deberá fijar los lineamientos de la política educativa. Algunos de estos principios son: el fortalecimiento de la identidad nacional, la igualdad de oportunidades, la equidad de los servicios educativos, la educación concebida como proceso permanente, la erradicación del analfabetismo, el apoyo y estímulo de los programas alternativos de educación, la participación de la familia, la comunidad, asociaciones docentes u organizaciones sociales, y otros.
La descripción de la estructura del sistema educativo argentino ha sido realizada teniendo en cuenta los contenidos de la Ley Federal de Educación:
El primero comprende los grados primero a sexto y se llama Educación Primaria Básica o EPB (ex EGB I y II). La EPB está dividido en dos etapas llamados ciclos:
1. EPB I: Primero, Segundo y Tercer año escolar
2. EPB II: Cuarto, Quinto y Sexto año escolar
El siguiente nivel es la Educación Secundaria Básica o ESB (ex EGB III) que comprende los años escolares Séptimo, Octavo y Noveno (actuales Primero, Segundo y Tercero de la ESB). Una vez finalizado la ESB, los estudiantes completan el período de educación obligatoria y pueden elegir comenzar la Educación Secundaria Superior o ESS (ex Polimodal), la que dura tres años.El cuarto nivel es la educación superior o universitaria.
Este nivel es solo aplicado por las provincias que adoptaron el sistema educacional. Las demás provincias siguen con el mismo y viejo sistema de 7 años de primaria y 5 de secundaria (Capital Federal, Río Legislación vigente del sistema educativo Argentino.
Los niveles, ciclos y regímenes especiales que integren la estructura del sistema educativo deben articularse a fin de profundizar los objetivos, facilitar la continuidad y asegurar la movilidad horizontal y vertical de los alumnos / as.
El Estado, las provincias y la municipalidad de la ciudad de Buenos Aires se obligan mediante la asignación en los respectivos presupuestos educativos a garantizar el principio de gratuidad en los servicios estatales, en todos los niveles y regímenes especiales.
En cuanto al aspecto político, aquel proceso revolucionario que termina de deponer a un gobierno colonial se manifiesta como punto de fuga al cual confluyen infinitas dimensiones desde las cuales se busca permanentemente interpelar al pasado, presente y futuro de nuestra nación.
La autodeterminación de los pueblos, la exaltación del hombre en las ideas humanistas y su expresión política y cultural, el papel de la razón en la organización política de las sociedades, son encrucijadas teóricas e históricas que en aquellos días de Mayo de 1810 se pusieron de manifiesto como elementos claves en la constitución de un país que en dichos hechos sigue buscando identidades y respuestas a sus problemas históricos.
Las condiciones estructurales de nuestras tierras eran sometidas a permanente discusión por los revolucionarios de mayo y las diversas interpretaciones acerca del posible desenvolvimiento de una nación con grandeza justa y soberana, se expresaban en los proyectos políticos que entraban el colisión antes, durante y después de la revolución.
En la actualidad, el mundo enfrenta desigualdades y diferencias que van mucho mas allá de la lucha de clases; las posturas políticas e ideologías de hoy en día trascienden el monto de los ingresos y el tipo de consumo. Vivimos nuestras sociedades y nuestros territorios a partir de una identidad ampliada, expandida que se encuentra cotidianamente con otras identidades y formas de ver el mundo que obligan a mantenerse con construcción constante y acelerada. Las propuestas políticas que surgen de los partidos resultan insuficientes para organizar esta diversidad, es por ello que los diferentes grupos que forman parte de esta complejidad social tiene que actuar políticamente en dos planos: a través del establecimiento de relaciones con instituciones políticas e instancias de poder, por un lado, y por el otro, en eterna negociación con el resto de los grupos con los que comparte el territorio, ambas luchas tienen un mismo objetivo, el reconocimiento y aceptación de quiénes somos y como somos frente a los “otros”, que no son como nosotros pero forman parte del mismo juego. En la medida que esos otros y nosotros logramos asemejarnos más, aparecen extraños nuevos, nuevas luchas e innovadoras formas de hacer política.
En cuanto a lo económico, cuando el virrey del Río de la Plata fue derrocado, la Junta revolucionaria de Buenos Aires adoptó una política económica radicalizada. Se levantó la prohibición de comerciar con extranjeros y de exportar lingotes de plata y oro.
Cuando en 1811 llegó al poder un nuevo gobierno, denominado el Triunvirato, que era aún más radical en términos de política económica, los impuestos de importación se redujeron enormemente. La política librecambista adoptada operó como un imán para los comerciantes extranjeros y particularmente para los británicos
Por su parte, los comerciantes criollos y españoles que no podían competir ventajosamente con los nuevos comerciantes de negocios de importación-exportación británicos quedaron limitados al comercio interior.
La política enfáticamente librecambista adoptada por las autoridades porteñas, cuyo sesgo más pronunciado fue el desequilibrio de la balanza comercial por el peso avasallante de las importaciones, generó Particularmente en Buenos Aires una extensión del consumo a los sectores populares, que se convertiría en otra fuente de recursos para el fisco del Estado revolucionario, a pesar de la mencionada reducción de los impuestos a la importación y exportación. En 1812 se establecieron las contribuciones extraordinarias para costear la guerra revolucionaria, que hasta 1815 extrajeron del comercio (y por ende, del consumidor porteño) una suma de 598.875 $, de la cual una parte importante debió ser costeada por los sectores populares.
El modelo de la economía actual argentina es absolutamente keynesiano. Este modelo ya fue aplicado por el Presidente Frondizi luego de la vuelta a la democracia después del derrocamiento de Perón. Básicamente consiste en un capitalismo de estado con una fuerte acumulación de stock proveniente de impuestos, retenciones, tasas y cambio por exportaciones. Hay una inmediata expansión del M1 y del M5, es decir del circulante y de los depósitos a la vista, lo que conlleva a un mayor consumo. Ese mayor consumo, mediante una fuerte presión fiscal, incrementa el stock de capitales en manos del estado. Para que este "circulo virtuoso" funcione tiene que darse circunstancias tales como alto valor de los commoditties (granos, aceites, metalmecánica, automóviles, etc.) y una moneda artificialmente devaluada en relación a la divisa fuerte de pago: dólares, euros y yuanes. El esquema funciona mientras la economía global está en expansión, pero puede ser altamente inflacionario por el M1, es decir los billetes y monedas en poder del público con los que demanda una cantidad limitada de bienes, que por escasez tienden a subir su precio. Si parte del M1 va al M5 (depósitos a la vista y de disponibilidad inmediata), lo que ocurre es que son las empresas grandes y pequeñas las que compran más insumos y se produce la inflación mayorista que luego es trasladada a los precios finales.
Otro aspecto del modelo keynesiano en su variante desarrollista es el impulso a grandes obras públicas de infraestructura que ocupan a una gran cantidad de personas y activan a múltiples industrias locales, ya que los requerimientos no pueden ser importados. Ello lleva a una demanda de trabajo con mejores salarios. La producción de cereales y oleaginosas tiene un fuerte incentivo por el cambio favorable, pero es parcialmente esterilizado por las retenciones, con los que hay un traspaso de riquezas del sector agropecuario al sector público con el que se financian las obras públicas.
Por otra parte Argentina ha sufrido el impacto de la globalización realizada con un criterio económico centrado en las ganancias y con exclusión de motivaciones humanistas. El resultado ha sido una gran crisis con privatizaciones sin control, despojo de los bienes nacionales, cierre de las pequeñas y medianas empresas por la apertura irrestricta del mercado, precarización del trabajo y prioridad dada al lucro en perjuicio de la persona y su dignidad, al capital financiero en desmedro del productivo. Desocupación y pobreza para una mayoría; corrupción y enormes ingresos económicos inmorales para una minoría.
En cuanto a lo social, hacia 1810 Buenos Aires constituía, con excepción del Alto Perú, el núcleo de habitantes más importante del Virreinato. Su población excedía las 40 mil personas de los que los blancos representaban un 70%, los negros el 25%, los mestizos el 3% y los indios el 2%. Hacia el norte el número de mestizos crecía en detrimento de los blancos puros. También hacia el interior disminuía el número de extranjeros. En el noroeste argentino y el Alto Perú abundaban los indios como también en las zonas no colonizadas del sur.
La nota característica de la sociedad del período revolucionario es la inexistencia de una aristocracia propiamente dicha. La nobleza no era representativa como clase y solo contaba con individuos aislados. La cúspide social pertenecía a la burguesía. Predominantemente territorial en el interior y mercantil en los puertos, estaba dividida en dos estratos distintos: la clase alta y la clase media. Entre ellas no había diferencias étnicas y solo se distinguían por el mayor o menor grado de poder económico o social.
La clase alta estaba integrada por comerciantes, estancieros ricos, profesionales e intelectuales y los militares de graduación superior. También la integraban altos funcionarios eclesiásticos y sacerdotes cultos que ejercían cargos docentes importantes y que tuvieran actuación política.
La clase media estaba integrada por pequeños comerciantes, industriales, pequeños estancieros, militares de menor graduación, maestros y resto del clero. La participación de esta clase en la cosa pública aumento durante el decenio.
Vicente F. López distingue la clase baja en dos grupos. Uno constituido por trabajadores independientes, artesanos libres y propietarios pobres de los suburbios a los que designa plebe. El otro al que denomina gente baja estaba formado por trabajadores serviles libres, menesterosos, vagos, y demás desheredados sociales.
La escala social terminaba en los esclavos (negros y mulatos), de los que poco a poco y como consecuencia de la guerra de la independencia se desprendieron los libertos, que habían ganado su nueva condición por el servicio militar a la causa de la revolución.
La clase baja, esclavos y libertos no tenían intervención activa en la sociedad. La plebe logró un grado progresivo de participación a través de la formación de los cuerpos de cívicos, quienes influyeron en el posterior desarrollo político.
Las cabezas de la sociedad rural eran: estancieros, funcionarios civiles y militares. También eran de importancia ciertos comerciantes proveedores de vituallas necesarias. El pulpero o bolichero rural no era un elemento bien afamado.
El campesinado se dividía en dos sectores. Uno lo forman los paisanos, ya fueran propietarios pequeños o peones de establecimientos mayores. El otro lo constituye el gaucho, elemento casi nómade, sin trabajo permanente, indisciplinado y pendenciero.
En el campo el indio tenía una presencia indiscutida, era considerado como elemento marginal a la sociedad.
La conmoción revolucionaria alteró esquemas sociales y creó nuevas tensiones. De una sociedad jerarquizada se quiso pasar a otras basadas en el mérito personal y donde igualitarismo e individualismo fueran notas fundamentales.
Luego de la revolución la situación del extranjero se hace marcadamente favorable. Se lo mira como un elemento de progreso, a veces incluso como un aliado en la guerra contra los españoles europeos. Los grupos más numerosos eran ingleses, franceses y portugueses.
Actualmente la sociedad esta caracterizada por los continuos avances científicos y por la tendencia a la globalización económica y cultural (gran mercado mundial, pensamiento único neoliberal, apogeo tecnológico, convergencia digital de toda la información) lo que genera la sensación de pertenecer a una comunidad mundial, ya los países más poderosos van imponiendo su cultura (idioma, instrumentos y procesos tecnológicos...) amenazando la identidad cultural de muchos pueblos. Hoy en día en Argentina se vive en una realidad determinada por la compulsión al consumo, la globalización y el avance tecnológico, donde los medios de comunicación son más vehículos de marketing que de información, y además se vive encerrado en un mercado y no en una sociedad. La era del consumo liquidó el valor y la existencia de las costumbres y tradiciones, produjo una cultura nacional y de hecho internacional en base a la solicitación de necesidades e informaciones, arrancó al individuo de su tierra natal y de su estabilidad.
Conclusión
En el trabajo realizado sobre el Bicentenario de la Identidad Nacional tratamos de mostrar la notable diferencia del concepto de identidad a través del tiempo, es decir, la relevancia que tenia formar una identidad propia y la poca importancia que se le dio actualmente. En 1810 los valores, creencias, costumbres, tradiciones conformaban la identidad cultural lo que permitía q sus miembros se sentían parte de una misma comunidad y poder diferenciarse de otras. Pero esta situación a comenzado a cambiar en los últimos años debido al avance de la tecnología, la cual provoca desigualdades sociales y la perdida de la identidad cultural ya que los medios masivos de comunicación imponen sus cultura e ideología influyendo en el sentido común de cada persona y produciendo la perdida de valores de cada nación, permitiendo el surgimiento de una cultural global. Por lo tanto actualmente a la identidad se la relaciona con el consumo ya que los individuos se identifican por el producto que consumen impuesto por el capitalismo y la globalización dejando de lado aquellos valores y costumbres que antes eran propios de una nación.
A partir de este análisis planteamos que para cambiar este concepto de identidad cada persona debe comenzar por si mismo a respetar los valores y costumbres que nos une como nación y aceptar al otro como parte necesaria para un sí mismo y para toda la comunidad que conforme el imaginario ya que es posible pensar la identidad cultural cuando me reconozco como parte humana fundamental, imprescindible y responsable de los proyectos desde el lugar donde realice mi obrar: educación, política, economía, etc.
Para la cual proponemos combinar el valor que se le daba al concepto de identidad en 1810 con el actual utilizando a los medios de comunicación y a las instituciones como agentes que difunden los valores, creencias y tradiciones que nos representan y así proporcionarle un lugar mas importante a la identidad cultural
El 25 de Mayo de 2010 Argentina celebrará los 200 años de la revolución que inauguró el camino hacia la Independencia, por lo que en víspera del bicentenario, realizamos este trabajo con el objetivo de hacer un análisis sociológico acerca de la noción de identidad y comparar los aspectos en el momento de su surgimiento, en 1810, con los aspectos actuales de la sociedad y como se fue transformando el concepto de la misma.
El traspaso de la identidad a lo largo del tiempo
La identidad es el conjunto de valores, tradiciones, símbolos, creencia y modos de comportamiento dentro de un grupo social y que hace que los individuos puedan fundamentar su sentimiento de pertenencia. La identidad cultural es similar a todo aquello que nos lo enseñan nuestros antepasados y lo ponemos en práctica. Se puede decir que la identidad ha tomado protagonismo desde la antigüedad.
A principios de la Revolución de Mayo, las diferentes expresiones del sentimiento público revelan que se podía ser español americano frente a lo español peninsular, rioplatense frente a lo peruano o porteño frente a lo cordobés. Es decir, que la existencia de elementos de diferenciación de los americanos con respecto a los europeos a finales del siglo XVIII, reconoce a menudo un origen diferente del de aquellos que se vincularon posteriormente con la emergencia de una identidad nacional durante el siglo XIX. La Revolución de Mayo, descubrió como formas de identidades tales como la de español americano y la de argentino cobraron una dimensión distinta y permitió comprendes mejor su presencia y peso relativo en el proceso de gestación de una nacionalidad argentina. Uno de los antecedentes externos más importantes de la revolución de mayo fue la Revolución Francesa que conmovió al mundo. Sus ideales y la transformación posterior influyeron notoriamente en el pensamiento de la época. Puso fin a las instituciones políticas, sociales, económicas, religiosas y administrativas del Antiguo Régimen. En el aspecto político, el movimiento revolucionario se inicia el 14 de julio de 1789 cuando el pueblo de París tomó por asalto la torre de la Bastilla. La Bastilla era la cárcel en donde estaban los presos del reino pero también era el símbolo del poder del rey Luis XVI. El 27 de agosto de 1789 la Asamblea Constituyente aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. En ella se afirmaba que los hombres nacen y permanecen libres y son iguales en derechos. Estos derechos, propios de su condición humana, son la libertad, la igualdad ante la ley, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión. Se consagró la idea de que la soberanía reside en la Nación, y en consecuencia, el rey era un mandatario del pueblo.
Con respecto al aspecto educacional, a comienzos del siglo XIX, acentuaron la acción de las nuevas ideas en la educación. Los viajes de estudio en el exterior por los hombres de Mayo y el acceso a literatura o publicaciones periódicas recibidas desde Europa en forma legal e ilegal permitieron que las ideas innovadoras se apropiaran de la educación. La educación se centró en un aprendizaje utilitario y en el conocimiento de las nociones básicas de matemática y lengua. En las aulas argentinas, a partir de la segunda década del siglo XIX, se implantó el Método Lancasteriano, que contaba con una experiencia éxito en Londres.La carencia de contar con una estabilidad política, no posibilitó la implementación del sistema educativo nacional, para esto veremos más adelante que la sanción de la Constitución, es la herramienta más valedera en la concreción de este ideal. El ideal de ilustrar al ciudadano era uno de los objetivos en el que se centraba el discurso de los hombres revolucionarios de las primeras décadas del siglo XIX. Durante este tiempo se pensó en la necesidad de crear una escuela que formará hombres preparados para el mundo del trabajo, buscando de esa forma destacar la importancia que tenía para la época la educación utilitaria.El método de enseñanza mutua se implementó durante el gobierno de Rivadavia en todas las escuelas. Este sistema de enseñanza, trasladado de Londres, hacia nuestras aulas, consistía en la transmisión del conocimiento por medio de la división de la clase colocando al frente a un joven de superior habilidad con el nombre de MONITOR y bajo la inmediata inspección del Maestro.En la actualidad el Sistema Educativo Nacional (Argentina) es el conjunto organizado de servicios y acciones educativas reguladas por el Estado que posibilitan el ejercicio del derecho a la educación. Lo integran los servicios educativos de gestión estatal y privada, gestión cooperativa y gestión social, de todas las jurisdicciones del país, que abarcan los distintos niveles, ciclos y modalidades de la educación.La Ley Federal de Educación Argentina expresa que el Estado deberá fijar los lineamientos de la política educativa. Algunos de estos principios son: el fortalecimiento de la identidad nacional, la igualdad de oportunidades, la equidad de los servicios educativos, la educación concebida como proceso permanente, la erradicación del analfabetismo, el apoyo y estímulo de los programas alternativos de educación, la participación de la familia, la comunidad, asociaciones docentes u organizaciones sociales, y otros.
La descripción de la estructura del sistema educativo argentino ha sido realizada teniendo en cuenta los contenidos de la Ley Federal de Educación:
El primero comprende los grados primero a sexto y se llama Educación Primaria Básica o EPB (ex EGB I y II). La EPB está dividido en dos etapas llamados ciclos:
1. EPB I: Primero, Segundo y Tercer año escolar
2. EPB II: Cuarto, Quinto y Sexto año escolar
El siguiente nivel es la Educación Secundaria Básica o ESB (ex EGB III) que comprende los años escolares Séptimo, Octavo y Noveno (actuales Primero, Segundo y Tercero de la ESB). Una vez finalizado la ESB, los estudiantes completan el período de educación obligatoria y pueden elegir comenzar la Educación Secundaria Superior o ESS (ex Polimodal), la que dura tres años.El cuarto nivel es la educación superior o universitaria.
Este nivel es solo aplicado por las provincias que adoptaron el sistema educacional. Las demás provincias siguen con el mismo y viejo sistema de 7 años de primaria y 5 de secundaria (Capital Federal, Río Legislación vigente del sistema educativo Argentino.
Los niveles, ciclos y regímenes especiales que integren la estructura del sistema educativo deben articularse a fin de profundizar los objetivos, facilitar la continuidad y asegurar la movilidad horizontal y vertical de los alumnos / as.
El Estado, las provincias y la municipalidad de la ciudad de Buenos Aires se obligan mediante la asignación en los respectivos presupuestos educativos a garantizar el principio de gratuidad en los servicios estatales, en todos los niveles y regímenes especiales.
En cuanto al aspecto político, aquel proceso revolucionario que termina de deponer a un gobierno colonial se manifiesta como punto de fuga al cual confluyen infinitas dimensiones desde las cuales se busca permanentemente interpelar al pasado, presente y futuro de nuestra nación.
La autodeterminación de los pueblos, la exaltación del hombre en las ideas humanistas y su expresión política y cultural, el papel de la razón en la organización política de las sociedades, son encrucijadas teóricas e históricas que en aquellos días de Mayo de 1810 se pusieron de manifiesto como elementos claves en la constitución de un país que en dichos hechos sigue buscando identidades y respuestas a sus problemas históricos.
Las condiciones estructurales de nuestras tierras eran sometidas a permanente discusión por los revolucionarios de mayo y las diversas interpretaciones acerca del posible desenvolvimiento de una nación con grandeza justa y soberana, se expresaban en los proyectos políticos que entraban el colisión antes, durante y después de la revolución.
En la actualidad, el mundo enfrenta desigualdades y diferencias que van mucho mas allá de la lucha de clases; las posturas políticas e ideologías de hoy en día trascienden el monto de los ingresos y el tipo de consumo. Vivimos nuestras sociedades y nuestros territorios a partir de una identidad ampliada, expandida que se encuentra cotidianamente con otras identidades y formas de ver el mundo que obligan a mantenerse con construcción constante y acelerada. Las propuestas políticas que surgen de los partidos resultan insuficientes para organizar esta diversidad, es por ello que los diferentes grupos que forman parte de esta complejidad social tiene que actuar políticamente en dos planos: a través del establecimiento de relaciones con instituciones políticas e instancias de poder, por un lado, y por el otro, en eterna negociación con el resto de los grupos con los que comparte el territorio, ambas luchas tienen un mismo objetivo, el reconocimiento y aceptación de quiénes somos y como somos frente a los “otros”, que no son como nosotros pero forman parte del mismo juego. En la medida que esos otros y nosotros logramos asemejarnos más, aparecen extraños nuevos, nuevas luchas e innovadoras formas de hacer política.
En cuanto a lo económico, cuando el virrey del Río de la Plata fue derrocado, la Junta revolucionaria de Buenos Aires adoptó una política económica radicalizada. Se levantó la prohibición de comerciar con extranjeros y de exportar lingotes de plata y oro.
Cuando en 1811 llegó al poder un nuevo gobierno, denominado el Triunvirato, que era aún más radical en términos de política económica, los impuestos de importación se redujeron enormemente. La política librecambista adoptada operó como un imán para los comerciantes extranjeros y particularmente para los británicos
Por su parte, los comerciantes criollos y españoles que no podían competir ventajosamente con los nuevos comerciantes de negocios de importación-exportación británicos quedaron limitados al comercio interior.
La política enfáticamente librecambista adoptada por las autoridades porteñas, cuyo sesgo más pronunciado fue el desequilibrio de la balanza comercial por el peso avasallante de las importaciones, generó Particularmente en Buenos Aires una extensión del consumo a los sectores populares, que se convertiría en otra fuente de recursos para el fisco del Estado revolucionario, a pesar de la mencionada reducción de los impuestos a la importación y exportación. En 1812 se establecieron las contribuciones extraordinarias para costear la guerra revolucionaria, que hasta 1815 extrajeron del comercio (y por ende, del consumidor porteño) una suma de 598.875 $, de la cual una parte importante debió ser costeada por los sectores populares.
El modelo de la economía actual argentina es absolutamente keynesiano. Este modelo ya fue aplicado por el Presidente Frondizi luego de la vuelta a la democracia después del derrocamiento de Perón. Básicamente consiste en un capitalismo de estado con una fuerte acumulación de stock proveniente de impuestos, retenciones, tasas y cambio por exportaciones. Hay una inmediata expansión del M1 y del M5, es decir del circulante y de los depósitos a la vista, lo que conlleva a un mayor consumo. Ese mayor consumo, mediante una fuerte presión fiscal, incrementa el stock de capitales en manos del estado. Para que este "circulo virtuoso" funcione tiene que darse circunstancias tales como alto valor de los commoditties (granos, aceites, metalmecánica, automóviles, etc.) y una moneda artificialmente devaluada en relación a la divisa fuerte de pago: dólares, euros y yuanes. El esquema funciona mientras la economía global está en expansión, pero puede ser altamente inflacionario por el M1, es decir los billetes y monedas en poder del público con los que demanda una cantidad limitada de bienes, que por escasez tienden a subir su precio. Si parte del M1 va al M5 (depósitos a la vista y de disponibilidad inmediata), lo que ocurre es que son las empresas grandes y pequeñas las que compran más insumos y se produce la inflación mayorista que luego es trasladada a los precios finales.
Otro aspecto del modelo keynesiano en su variante desarrollista es el impulso a grandes obras públicas de infraestructura que ocupan a una gran cantidad de personas y activan a múltiples industrias locales, ya que los requerimientos no pueden ser importados. Ello lleva a una demanda de trabajo con mejores salarios. La producción de cereales y oleaginosas tiene un fuerte incentivo por el cambio favorable, pero es parcialmente esterilizado por las retenciones, con los que hay un traspaso de riquezas del sector agropecuario al sector público con el que se financian las obras públicas.
Por otra parte Argentina ha sufrido el impacto de la globalización realizada con un criterio económico centrado en las ganancias y con exclusión de motivaciones humanistas. El resultado ha sido una gran crisis con privatizaciones sin control, despojo de los bienes nacionales, cierre de las pequeñas y medianas empresas por la apertura irrestricta del mercado, precarización del trabajo y prioridad dada al lucro en perjuicio de la persona y su dignidad, al capital financiero en desmedro del productivo. Desocupación y pobreza para una mayoría; corrupción y enormes ingresos económicos inmorales para una minoría.
En cuanto a lo social, hacia 1810 Buenos Aires constituía, con excepción del Alto Perú, el núcleo de habitantes más importante del Virreinato. Su población excedía las 40 mil personas de los que los blancos representaban un 70%, los negros el 25%, los mestizos el 3% y los indios el 2%. Hacia el norte el número de mestizos crecía en detrimento de los blancos puros. También hacia el interior disminuía el número de extranjeros. En el noroeste argentino y el Alto Perú abundaban los indios como también en las zonas no colonizadas del sur.
La nota característica de la sociedad del período revolucionario es la inexistencia de una aristocracia propiamente dicha. La nobleza no era representativa como clase y solo contaba con individuos aislados. La cúspide social pertenecía a la burguesía. Predominantemente territorial en el interior y mercantil en los puertos, estaba dividida en dos estratos distintos: la clase alta y la clase media. Entre ellas no había diferencias étnicas y solo se distinguían por el mayor o menor grado de poder económico o social.
La clase alta estaba integrada por comerciantes, estancieros ricos, profesionales e intelectuales y los militares de graduación superior. También la integraban altos funcionarios eclesiásticos y sacerdotes cultos que ejercían cargos docentes importantes y que tuvieran actuación política.
La clase media estaba integrada por pequeños comerciantes, industriales, pequeños estancieros, militares de menor graduación, maestros y resto del clero. La participación de esta clase en la cosa pública aumento durante el decenio.
Vicente F. López distingue la clase baja en dos grupos. Uno constituido por trabajadores independientes, artesanos libres y propietarios pobres de los suburbios a los que designa plebe. El otro al que denomina gente baja estaba formado por trabajadores serviles libres, menesterosos, vagos, y demás desheredados sociales.
La escala social terminaba en los esclavos (negros y mulatos), de los que poco a poco y como consecuencia de la guerra de la independencia se desprendieron los libertos, que habían ganado su nueva condición por el servicio militar a la causa de la revolución.
La clase baja, esclavos y libertos no tenían intervención activa en la sociedad. La plebe logró un grado progresivo de participación a través de la formación de los cuerpos de cívicos, quienes influyeron en el posterior desarrollo político.
Las cabezas de la sociedad rural eran: estancieros, funcionarios civiles y militares. También eran de importancia ciertos comerciantes proveedores de vituallas necesarias. El pulpero o bolichero rural no era un elemento bien afamado.
El campesinado se dividía en dos sectores. Uno lo forman los paisanos, ya fueran propietarios pequeños o peones de establecimientos mayores. El otro lo constituye el gaucho, elemento casi nómade, sin trabajo permanente, indisciplinado y pendenciero.
En el campo el indio tenía una presencia indiscutida, era considerado como elemento marginal a la sociedad.
La conmoción revolucionaria alteró esquemas sociales y creó nuevas tensiones. De una sociedad jerarquizada se quiso pasar a otras basadas en el mérito personal y donde igualitarismo e individualismo fueran notas fundamentales.
Luego de la revolución la situación del extranjero se hace marcadamente favorable. Se lo mira como un elemento de progreso, a veces incluso como un aliado en la guerra contra los españoles europeos. Los grupos más numerosos eran ingleses, franceses y portugueses.
Actualmente la sociedad esta caracterizada por los continuos avances científicos y por la tendencia a la globalización económica y cultural (gran mercado mundial, pensamiento único neoliberal, apogeo tecnológico, convergencia digital de toda la información) lo que genera la sensación de pertenecer a una comunidad mundial, ya los países más poderosos van imponiendo su cultura (idioma, instrumentos y procesos tecnológicos...) amenazando la identidad cultural de muchos pueblos. Hoy en día en Argentina se vive en una realidad determinada por la compulsión al consumo, la globalización y el avance tecnológico, donde los medios de comunicación son más vehículos de marketing que de información, y además se vive encerrado en un mercado y no en una sociedad. La era del consumo liquidó el valor y la existencia de las costumbres y tradiciones, produjo una cultura nacional y de hecho internacional en base a la solicitación de necesidades e informaciones, arrancó al individuo de su tierra natal y de su estabilidad.
Conclusión
En el trabajo realizado sobre el Bicentenario de la Identidad Nacional tratamos de mostrar la notable diferencia del concepto de identidad a través del tiempo, es decir, la relevancia que tenia formar una identidad propia y la poca importancia que se le dio actualmente. En 1810 los valores, creencias, costumbres, tradiciones conformaban la identidad cultural lo que permitía q sus miembros se sentían parte de una misma comunidad y poder diferenciarse de otras. Pero esta situación a comenzado a cambiar en los últimos años debido al avance de la tecnología, la cual provoca desigualdades sociales y la perdida de la identidad cultural ya que los medios masivos de comunicación imponen sus cultura e ideología influyendo en el sentido común de cada persona y produciendo la perdida de valores de cada nación, permitiendo el surgimiento de una cultural global. Por lo tanto actualmente a la identidad se la relaciona con el consumo ya que los individuos se identifican por el producto que consumen impuesto por el capitalismo y la globalización dejando de lado aquellos valores y costumbres que antes eran propios de una nación.
A partir de este análisis planteamos que para cambiar este concepto de identidad cada persona debe comenzar por si mismo a respetar los valores y costumbres que nos une como nación y aceptar al otro como parte necesaria para un sí mismo y para toda la comunidad que conforme el imaginario ya que es posible pensar la identidad cultural cuando me reconozco como parte humana fundamental, imprescindible y responsable de los proyectos desde el lugar donde realice mi obrar: educación, política, economía, etc.
Para la cual proponemos combinar el valor que se le daba al concepto de identidad en 1810 con el actual utilizando a los medios de comunicación y a las instituciones como agentes que difunden los valores, creencias y tradiciones que nos representan y así proporcionarle un lugar mas importante a la identidad cultural





